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Había una vez, un duende mirón...
a) Es Mudo pero no toma
Carbón, salitre, azufre. Todo muy bien molidito y en partes proporcionales que no detallaré. El mecanismo es bastante simple. Un reloj y una batería, algo de ingenio web. Obviamente no necesita mecha. ¿cuánto tiempo? un par de horas. El muy bastardo saldrá del trabajo en su carrito de juguete. Es rutinario. Viste la misma camisa cada martes, no es la misma misma camisa, es el mismo diseño, a cuadros celestes muy tres chic y pantalones pinzados con la correcta basta en la línea de flotación de los zapatitos a medida. Los lunes, bueno los lunes la tenida es similar salvo un chaleco de bizcochos negros y cafés que le queda horrorosamente. Y los viernes casual. Un día llegó a la oficina con mocacines, calcetines beige y bermudas. BERMUDAS. El colmo, estilo jerry lewis con sobredosis de cafeína.El asunto es como instalarle los tubos, y que estalle en plena carretera, broooooooooooooooooom!!!, que ni pedacitos queden. Que le tengan que recojer con una espátula para la prueba de adn. Oh! dios mío, tendré que ir a un funeral y hace años que no asisto a uno. ¿Le llevaré flores?. No, una corona de caridad, mis respetos a la viuda, tan buena mujer, buena en el sentido de cachonda. Ahora tendrá todo el tiempo del mundo y el dinero suficiente para follarse a todos los tíos que quiera. No tendrá que ponerle los cuernos a nadie. Esperar claro está algún tiempo con recato, el que dirán, usted sabe. Seguro que se va a sentir aliviada. La novia de tribilín. Ese era su apodo. Obviamente tribilín era el imbécil del gerente general. ¿estará bien así a pura pólvora?. Demasiada sofisticación levantaría sospechas. ¿y de quién?. No no no. El hombre merece más que pólvora. Por otro lado la póvora se humedece. Plástico, explosivo sintético. Habrá que experimentar. Tomar sus precauciones. No vaya a ser que boom, vuelas tú y el que te escupa una corona de caridad sea el bastardo de jerry lewis. Habrá que esperar.
Esa eres tú.
Y conforme a lo dicho, profesor, aquel pactado encuentro de esos dos inmensos soles casi extintos, gigantes rojos que se transformarán finalmente en dos cuencas muertas en la espesura del espacio, profesor, que tragarán la luz, dos pozos ciegos, profesor, tal como los ojos de quien le hablara, de aquella fauce tibia que me mordió en la entrepierna y que me haya dejado con el leve sobresalto de los alucinados, sobre todo en las mañanas tan frías de estos días, profesor. El rumbo de la historia ha tomado un cariz sombrío, como si el invierno no se hubiera retirado, y la oscuridad se cuela por las rendijas de las casuchas, por las rendijas que deja la piel muerta y seca, el cansancio del traqueteo, profesor, las almas deambulando arrastrando la bolsa del pan rancio, las migajas de la mesa de tío caifás, como usted sabe profesor. Tintas de mi sangre, resquemores y temblores ansiosos por verla cruzando la esquina, parada en la ramita de un arbolito, toda cubierta por las perlas que dejó la lluvia de la madrugada, haciéndole el quite la las garras siniestras a lo perdigones de hielo que tratan de asaltarla, profesor. Yo me inquieto, es lo mínimo. Y en este largo pasaje a la extinción, el feriado eterno, el peregrinaje de los descalzos, las dudas y las oraciones abiertas como puertas al cadalso adquieren la monotonía de lo indecible, la rutinaria maquinaria de la burocracia, todo se hace un trámite en las oficinas del sanedrín, profesor. Y entonces me acurruco en el último cajón de la cómoda, como queriendo decir que cuando ese sol cansado de brillar se vuelva un gigante iracundo y rojo y todo lo incendie, yo, asido a una fotografía de mis vidas pasadas, la de terno y corbata en mi funeral, estar´temblando de alegría por que todo por fin habrá terminado, y el peregrinaje adquirirá otro cariz supongo profesor. Ahora intento quitarme este olor de llaga supurante, saciar el hambre de hiena, huir por algún punto no congestionado de esta urbe que es un montón de escombros, profesor. Y el papel, profesor, no resulta suficiente, y lo que he registrado puerilmente con mi maquinita de registrar, las imágenes que cargo en la mochila sin fondo, en el saco roto, se desahacen, se destruyen en las retinas de los ciegos, profesor, y entonces me desespero y en un grito ahogado de la existinieblas me duermo extenuado lleno de preguntas y respuestas, hasta que nuevamente todo comienza desde cero.
Y al pobre diablo, bueno, simplemente no quería irse. Lo veía detrás del vaso de cerveza como para disimular mi curiosidad morbosa. No hay nada más estúpido que intentar esconderse detrás de un vaso. Fisicamente imposible. Imbécilmente probable. Sin embargo ahí estaba, mirándolo y pensando lo bueno que era mi escondite. Una alimaña. Por otro lado, no había mucho que mirar. Ya lo había mirado todo. Los cuadros del ignoto ególatra de siempre, humo ascendiendo en azules espirales y revoloteando como pajaritos en la vacuidad de la salita, los pececitos en el encierro acuario describiendo círculos desesperados, el urinario anidando una moneda de a diez pesos, el traqueteo de la mesera abúlica y en el enrredo máximo de la aburridez última caí en la cuenta de que ya no me quedaba ningún puto cigarro, y que el último yace agónico en el mausoleónico cenicero acumulador de horrorosos y retorcidos cadáveres de marlboro. La melodía endemoniada de un telefoncillo portátil rompe el silencio de sepulcro violado por las moscas de bar y un insulso "hola" corta la vidriosa quietud desesperante en donde yo, el gran observador se devana los sesos en buscar la fórmula adecuada de nitrocelulosa, se enciende un dedo y echa una bocanada perfectamente circular de sangre roja y espesa y tibia pero más liviana que el aire.
Demás está decir que eres afilada como una navaja. Con alas de acero, pero no te quitas el antifaz todavía. ¿Habrá cara bajo ese antifaz?. Duermes con el, comes con el, vomitas tus embustes mirando el espejo que no refleja nada. Las costumbres, los hechos, la fenómenica transpiración que debes chorrear cada vez que entornas los ojos y nada es cierto. POr que nada es cierto ¿cierto?. O quizás es uno el demasiado crédulo. No, no es así. El mosntruo ha dejado la caverna, el vampiro siempre lleva su escofina en el bolsillo. 1000 km es demasiada distancia, pero no es bueno jugar con nitroglicerina. ¿Cuál es la compulsiva razón por qué lo haces?, es una mierda, claro que lo es. Pero claro, uno a veces también quiere el juego ¿no?, Bueno, te hackee el fucking mail y qué? algo me estaba royendo como ácido de baterías, mierda, se parece a un jodido tema de Sabina, dudaba, bueh y la curiosidad mató al gato, qué mierda. Quítate la maldita máscara de una vez por todas. Dame la cara. Muéstrame la cara, quiero verte con los colmillos, con los ojos fulgurando en la oscuridad. Y dale el bastardo la dirección de este blog pa' que vea las mierdas de fotos por sí mismo.
Como si hubiera por fin un destino
Como si llegaran a buen puerto mis ansias
Como si la arena cantara en el desierto
Huelo las feromonas en el aire y preparo mi danza del cortejo. Acomodo las plumas, el espolón afilado. Clavo el ojo. También huele la sangre. Suda. Se ahoga en una espera sin sentido cuadrados los párpados, macilentos, terribles. Entonces duda. Un ovario, un ojo, una deuda sin saldar. Imperios caídos en el mantel raído de la historia. Tetas montañas, culos claustros en donde se encierran la ánimas en pena. Ovario-ojo, paridor de la muerte, muerte paridora, boca ahogada en la condena de un beso descarnado que termina por devorarte. VAgina dentada, trampa de los incautos. Colmillos granate, te clavan la cadera, la sinuosidad del muslo turgente, la mirada lasciva corriendo por la vereda un río de esperma que tragas golosamente. Hijos sin ojos, muertos descalzos esperando en la avenida del mal el tranvía a los infiernos. La sábana inquieta, la menstruación de petróleo, tu pose erecta afirmada en el lavadero del baño. Un jungla llena de monstruos allí abajo, ladillas hambrientas que devoran hombres, devastan civilizaciones, un agujero que traga la luz, un ovario de luz negra, un ovario agujero rabioso, un ovario calvario crucificado en el gólgota. Y en la cartografía de tu vulva acuosa, determino los límites y esquivo los monstruos marinos intentando desesperadamente llegar a la otra orilla. Clavo el ojo, afilo el espolón en la rueda de piedra. Salto a la cancha con las plumas encrispadas, lanzando rayos por los ojos y fuego por la fauce iracunda de bacilisco herido.
NO todos lo malditos pedernales están afilados. El filo es el filo, uno suele caminar sobre él cada jodido día en estos escombros. Aunque no crea en todo el montón de mierda rosa que suelo escuchar de lindas boquitas tramposas acostumbradas al bluff. Me acuerdo entonces de navokov. La adolescencia, digamos, es la hermosa flor carnívora que te arranca la mitad de la oreja cuando te acercas a observarla con mayor cuidado, como diría el viejo hank. Suele perderse. Está bien así, muchachos. Las pinturitas, los frescos, las acuerelas, la carne, el sabor de esa carne. Es carne, entonces?. No, colega. Las gatitas juegan con los ovillos de lana. Increíble. Hasta que salen de caza y se aparean en los techos de las casas y los gatos se rompen el pescuezo a zarpazos y mordiscos. Entonces demos el paso a un costado. Esa angelita adolescente, colega, va a mutar. Es el proceso biológico. Le crecen alas y colmillos y se alimentará de sangre cada cierto período de tiempo, al igual que tú lo haces. Ahora que aprenda la mañas con antelación, que te lea la mano de naipes en el reflejo de tu pupila y te gane la apuesta es otro cuento. Te agarran volando bajo, viejo, y tragas todos los embustes con pequeños tragos de vino que los hacen parecer que todo bien. Es cosa de tomar el periscopio y mirar unos buenos años hacia atrás. Cuando también mutaste, cuando juagabas con las ratitas entre tus zarpas, cuando el propósito del día era aprehender la nueva jugada, al nueva finta en la cancha. Noches de amor y alegría, Miller. También tragar a miller. Miller, el apóstol de los adolescentes. Sallinger, el verdugo. Entonces no todos los malditos pedernales están afilados. El filo es el filo. Lo terrible es cuando la mentira se vuelve la palabra de cambio. Bueno, colega, las cosas en la balanza. El punto de equilibrio es precario, absolutamente. Y en medio del malabar para mantener las cosas en su lugar, te olvidas preso de un ataque de feromonas de todo lo dicho oleado y sacramentado, y de un plumazo mandas todo a la mierda por un pequeño coño de ojos profundos que mece entre su zarpitas recién estrenadas un grueso ovillo de lana.
-Cállate y dispara, mierda-
-hilos-
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